Descubriendo el Rajastán (1/3): Jaipur, la capital rosa

Para quien no lo sepa, la India es un gigantesco país compuesto por 29 estados. De todos ellos, el estado de Rajastán es el más grande en extensión (342.239 km2), aunque tan sólo ocupa el séptimo puesto en densidad de población, con 68 millones y medio de habitantes, que tampoco está nada mal.

La capital del Rajastán es Jaipur, una ciudad de más de 3 millones de habitantes conocida como «la ciudad rosa», aunque es evidente que el color de sus calles y edificios tira más al «rojizo arenisca», o incluso naranja.

Allí conocí a Ashu, el alma y corazón del Jwala Niketan Homestay, la Guesthouse familiar que saca adelante con la ayuda de su familia. Gracias a personas como él, mi moral, que llegaba bastante tocada debido a mi experiencia en Nueva Delhi, comenzó a mejorar por momentos, junto con la idea de que no todos los indios son iguales.

¡Arranca que nos vamos de ruta!

Uno de los principales símbolos de Jaipur posiblemente sea «el palacio de los vientos«. A pesar de que pasé por delante de él en varias ocasiones, ya fuese por el mal tiempo o por la mala iluminación, al final no le saqué ni una mísera foto. Os dejo esta, sacada calentita de la Wikipedia, para que veáis el edificio en cuestión.

Palacio de los vientos
Palacio de los vientos © A.Savin, WikiCommons

Donde sí consumí bastante tiempo fue visitando los dos fuertes con los que cuenta Jaipur: el Fuerte de Nahargarh y el Fuerte de Amber, el segundo mucho más impresionante e interesante que el primero, en mi opinión.

Fuerte de Amber
Vaquitas disfrutando de la vida, con el Fuerte de Nahargarh al fondo
La «subidita» en zig-zag de media hora a pie hasta el fuerte
La vida en Jaipur se desarrolla especialmente en los tejados
Y llegó la recompensa. Vistas impresionantes de toda Jaipur

Construido en 1734 por el Maharaja Sawai Jai Singh, rey de Jaipur en ese momento, el Fuerte de Nahargarh se constituye principalmente de una larga muralla que rodea toda la ciudad, y el fuerte, que la gobierna desde las alturas. A pesar de su larga historia, el fuerte nunca fue atacado.

Estuve recorriendo durante horas la muralla y deleitándome con las increíbles vistas de la ciudad de Jaipur, pero el fuerte en general no tiene mucho más que ver. Especialmente triste para mí fue descubrir un precioso teatro de la época totalmente abandonado y en un pésimo estado de conservación, lo que creo que ha sido un error por parte de las autoridades, pues perfectamente podría sido una de las principales atracciones del fuerte, si estuviera en buenas condiciones.

Teatro Fuerte Nahargarh
El teatro, totalmente abandonado
Basura, hierbajos y agujeros en los alrededores del mismo
Ni un alma se acercaba a contemplar aquella estructura

Otra de las visitas que no me quise perder estando en Jaipur fue la del Observatorio de Jai Singh.

Observatorio de Jai Singh

Se trata de un gran complejo construido en 1716 por Jai Singh II que sirvió como observatorio hace nada más y nada menos que 300 años.

La entrada a este lugar costó 200 rupias (2,58€) y constituyó una visita diferente de lo que estoy acostumbrado. Entré sin guía, con lo que eso conllevó (que fue básicamente la nula comprensión de para qué se utilizó cada instrumento de aquel lugar) pero aún así pasé una hora completamente entretenido observando aquellas enormes estructuras que antaño sirvieran para observar los astros y las estrellas lo más de cerca posible.

Además de las obligadas paradas turísticas, también es menester en Jaipur perderse entre sus estrechas y rosadas calles y contemplar cómo transcurre la vida entre sus numerosos mercados y comercios.

Tienda especias Jaipur
Tienda de especias
¿Furgoneta o tuk-tuk?
Sanganeri Gate Jaipur
Sanganeri Gate

Pero no fue el observatorio de Jai Singh ni el fuerte de Nahargarh lo que más me impresionó en Jaipur. Este mérito se lo llevó con creces otro fuerte, en este caso, el Fuerte de Amber.

Fuerte de Amber
Imponente Fuerte de Amber tras el lago
Monos Fuerte Amber
Los monos custodiaban la entrada al fuerte cual guardianes
Los turistas indios se contaban por miles

Este impresionante fuerte-palacio del año 1592 se encuentra construido sobre la base de otras edificaciones muchísimo anteriores a esta (al menos del año 955), lo que le da aún más valor histórico si cabe.

A los indios les encanta fotografiarse posando

El Fuerte de Amber se divide en dos niveles a diferentes altitudes y distancia, conectados siempre por un camino de subida que sigue la propia muralla. Tan sólo para llegar a la parte superior del segundo nivel (donde se encuentra el fuerte propiamente dicho) es necesaria una caminata de casi una hora, a través de una pronunciada cuesta, «ojito».

Lo mejor que conseguí tras aquella espesa niebla

Pero he de reconocer que una vez arriba del todo, tan sólo por el placer de contemplar la ciudad desde tan alto, el esfuerzo merece la pena. Si tenéis suerte (al contrario que yo aquel día) y no hay mucha niebla, podréis contemplar una bonita puesta de sol.

Al final, entre la subida y el recorrido dentro del fuerte, el sol termino poniéndose, y me tocó descender en plena oscuridad, cuando unos focos bien posicionados para iluminar la fortaleza durante la noche hicieron más ameno (y menos peligroso) el camino de regreso hasta abajo.

Allí en Jaipu le di la bienvenida al año nuevo 2020 en una nochevieja diferente y muy, muy tranquila. Viendo que no había ningún lugar donde salir en toda la ciudad (mucho menos beber alcohol) y que los indios no se mostraban demasiado entusiasmados con aquello de la navidad y la nochevieja, me fui a la cama pasadas las 12 (en España todavía serían las 8 de la tarde) sin uvas, felicitaciones o abrazos, como un día más.

Durante uno de aquellos días, le comenté a Ashu que me gustaría ir al cine y ver una de las famosas películas de «Bollywood». Sin decir ni media reservó las entradas por teléfono y al día siguiente nos encontrábamos en su coche conduciendo al increíble estilo indio hacia uno de los cines posiblemente más emblemáticos de toda India: el Raj Mandir Cinema.

Cine Raj Mandir
El Raj Mandir Cinema

El simple hecho de entrar en aquel edificio construido en el año 1976 constituye una experiencia en sí mismo. Una vez dentro, uno se encuentra en mitad de una sala enorme, pero decorada con tal delicadeza y buen gusto que es bastante difícil encontrar otro lugar parecido en India.

Interior Raj Mandir
El salón principal del cine

Lo curioso es que el cine consta de una única sala de proyección con un aforo aproximado (agarraros los machos) para 1.600 personas, ahí es nada. La pantalla de la sala también era enorme, y colocada de tal manera, que por alta que fuera la persona que tenías delante, no molestaba en absoluto a la hora de ver la película.

El interior de la sala de proyección
Hora del descanso

La película duró aproximadamente 3 horas (con una pausa entre medias de 15 minutos) y todo lo que allí aconteció fue un espectáculo, durante las coreografías musicales podías ver indios levantados bailando al ritmo de los protagonistas, aplaudiendo enfervorecidamente cuando algo bueno sucedía, y por supuesto, riendo a carcajada limpia en mitad de la película. TODO era posible en aquella sala. La experiencia no decepcionó para nada y yo me fui de allí mas que contento y agradecido con Ashu por llevarnos a aquel lugar y encima, invitarnos.

Gracias por todo mi querido amigo

Pero no sólo fue la invitación al cine sino que Ashu también se molestó en enseñarnos y darnos unas clases de una actividad muy conocida y practicada en India en general pero sobre todo en Jaipur en particular: el vuelo de cometas caseras.

En India es fácil mirar al cielo y encontrarlo completamente lleno de pequeñas y singulares cometas, todas de igual forma y tamaños, siendo manejadas desde las terrazas o a pleno suelo, por todo tipo de personas, desde jóvenes muchachos de no más de 10 años, hasta muchachos «no tan jóvenes». En uno de aquellos días nos subimos a la terraza de la Guesthouse y Ashu nos mostró su técnica volando cometas.

Ashu poniendo a punto sus cometas

También nos invitó a acompañarlo en su generosa labor de ir a alimentar casi a diario las vacas de un lugar en el que se dedican a recogerlas de la calle y llevarlas allí para alimentarlas y cuidarlas, obteniendo a cambio sus activos orgánicos.

En lugar en cuestión
«Múúuuuuu…»
¿Y si me como tú movil!?

Estuvo tan pendiente de nosotros, que hasta el último día, cuando decidí que partía hacia el pequeño pueblo de Pushkar, me acompañó hasta la estación de buses locales de Jaipur, ayudándome en todo momento con la compra del ticket y el bus que tenía que coger. Como podéis ver, los buses locales en India se compran para amortizarse, pero hicieron su trabajo llevándome en 5 horas hasta Ajmer.

La taquilla de tickets. Cualquiera se entera de algo
Los temidos buses locales
Bus 4×4
Por poco más de 1€ tampoco nos vamos a quejar

Y de esta manera terminaba mi periplo en Jaipur, la capital del Rajastán indio. Ahora me dirigía a un lugar bastante importante para los hindúes, como es el pueblo de Púshkar, con su lago sagrado.

¡Comparte si te ha gustado!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *