Festivales, elefantes y la selva de Chiang Mai

Nos plantamos en Chiang Mai de madrugada, un par de horas antes del amanecer. Las calles estaban desiertas salvo por un goteo intermitente de mochileros que circulaban por los alrededores de la estación de autobuses.

De camino hacia nuestro hostal, nos encontramos algunos de los más de 300 templos budistas que existen en esta región del país. Como queríamos hacer algo diferente de Bangkok (entiéndase la ironía), pues nos fuimos a recorrer templos, mientras hacíamos tiempo para poder hacer el check-in en nuestro hostal.

Wat Saen Fang
Templo «Wat Saen Fang»
El interior de uno de ellos
Wat Bopparam
Templo «Wat Bopparam» en Chiang Mai

Como comenté en la entrada anterior, nos enteramos de que aquel día se llevaría a cabo el festival del «Loy Krathong» por boca de nuestro compañero de autobús, un inglés que según él, llevaba más de dos años viajando sin parar. Según la gente y trabajadores del hostal, la fiesta empezaría a partir de las 7 de aquella tarde, así que nos dispusimos a honrarnos con un «masaje tailandés» y una buena siesta, para descansar un poco del largo viaje en bus, en el que apenas pudimos dormir unas cuatro horas intermitentemente.

FESTIVAL «LOY KRATHONG«

Una vez descansados, nos compusimos y salimos a las calles para admirar el espectáculo que se presentaba.

El ambiente era espectacular
Como siempre, los tailandeses encantados de salir en una foto

En nuestra mente teníamos -relacionado a esta fiesta- únicamente las lamparitas lanzadas al aire y las flores flotando en el río. Pero el desfile de belleza de más de cuatro horas que tuvimos la suerte de presenciar, no estaba ni de lejos en nuestros pensamientos de aquel día.

Preparándose para el desfile

El festival dio comienzo con una banda de música a la que siguió el enorme desfile. Como si de otra ciudad diferente a la que llegamos se tratara, la calle principal estaba abarrotada de gente, tanto local como extranjeros. De donde salió tantísima gente en comparación con aquella misma mañana en la que nosotros llegamos, no lo sabemos. Miles y miles de personas se aglomeraban para ver aquel espectáculo digno de ver.

La banda musical que inauguraba la marcha
Por si alguien dudaba de la belleza en el continente asiático
Flores Chiang Mai
Se contaban por miles en el Río Ping

El «Loy Krathong» es un festival anual que se celebra en todo el país la noche de luna llena del duodécimo mes del calendario lunar tradicional tailandés. Además de ser un acto de veneración a «Buda», es considerado por los tailandeses como un acto de superación de todos los rencores, mal humores y puntos flacos de cada uno, que se marchan río abajo alejándose de sus portadores. A pesar de realizarse en casi todos los puntos del país, el festival de belleza de Chiang Mai es uno de los más famosos y concurridos. Nosotros podemos dar buena cuenta de ello.

Después del largo desfile (y también entre medias), llegó el turno del lanzamiento de lamparitas al aire y de flores al río. De estos acontecimientos me vais a perdonar, pero todo nuestro tiempo lo consumimos en contemplar semejantes imágenes para retenerlas en nuestras retinas, con lo que apenas sacamos fotografías del lanzamiento de lámparas o flores.

LA SELVA DE CHIANG MAI

Bueno, la jornada y media siguiente que vivimos en la selva de Chiang Mai, entre elefantes, indígenas y luchadores-monos-conductores de raftings a través del «Río Ping», bien daría para una entrada entera, pero como llevo un poco de retraso en el blog (debido al no parar de las últimas dos semanas y a la caída del servidor durante la mayor parte del día de hoy), intentaré resumir la experiencia lo mejor que pueda y quién sabe, en el futuro le pueda dedicar una entrada completa sólo a esta experiencia.

Selva Chiang Mai

Contratamos una excursión de día y medio por 1500 baths (45,02€) por persona a través de nuestro hostal. Os detallo todo lo que incluía: traslado hasta la selva en coche, 1 hora. Visita al santuario de elefantes. Comida. Trekking de un par de horas hasta un poblado indígena del interior de la selva. Cena. Desayuno. Trekking por la selva para volver. Comida. Rafting por el Rio Ping. Traslado hasta la estación de autobuses en coche, 2 horas. ¿Se puede pedir más por 45€? Yo creo que NO.

A las 9:30 de la mañana nos recogieron en la puerta de nuestro hostal para unirnos al grupo de personas que nos acompañarían en la aventura. El equipo lo componían dos parejas de franceses, un australiano y nosotros cuatro. Mención aparte de nuestro «peculiar» guía, «Tomy», con el que echamos más de unas risas.

El grupo al completo, excepto Tomy, que hizo de fotógrafo

Nos llevaron rumbo a la selva en un coche «ranchera» de unos 55 años de antigüedad (que cumplió muy bien su labor, dicho sea). Paramos 20 minutos para contemplar una «granja de mariposas», donde pudimos ver las especies típicas de aquel lugar. De allí nos fuimos directamente a un pequeño Santuario de elefantes. El lugar era una especie de rancho para caballos pero algo más grande. Tendrían allí unos cuatro o cinco elefantes, si no conté mal. Les echamos de comer y ayudamos a «bañarlos» echándoles agua en el río.

Elefante Chiang Mai
Esta foto me encanta, las tres parecen contentas

Una vez terminada la visita al santuario, que duró aproximadamente una hora y media, nos acercaron hasta un «restaurante» para ingerir energías. Nos esperaba un empinado trekking hasta el poblado nativo de unas dos horas aproximadas, descansos incluidos.

En la cumbre nos dio la bienvenida un pequeño poblado de cabañas (sería difícil precisar, pero habría entre 40 y 60 aproximadamente). Unos nativos locales vivían allí, ajenos al ruido y los problemas de la «civilización moderna».

Baño público y ducha, en un solo habitáculo
Puesta de sol Chiang Mai
La puesta de sol desde el poblado

El poblado contaba con una cabaña que hacía de «pub» e incluso una escuela para los más pequeños. Fue una verdadera pena no subir a contemplar dichas cabañas pensando que iríamos a la mañana siguiente (cosa que no sucedió). Raquel y David fueron los que subieron y me lo contaron. Yo mientras tanto estuve con los niños, que en cuanto cogieron un poco de confianza no me dieron respiro alguno para seguir explorando.

Niños Chiang Mai
¿Y este forastero de donde sale?
Niños riendo Chiang Mai
¡Si está como una cabra!

Ya entrada la noche, después de una rica cenita de grupo, gracias a nuestro guía y cocinero «Tomy», el ambiente empezó a tornarse triste sin nada que hacer, hasta que llegó David para sacarse de la manga un «tres en raya» más casero imposible, formado por un bolígrafo, cartones y trocitos de papel. Con sólo esos materiales -ya empezábamos a montárnoslo como los nativos- organizamos un torneo que duró hasta la llegada de la madrugada.

¡Cenita de grupo!
¡Tensión y expectación en las semifinales!

A la mañana siguiente, después de un desayuno tempranero y sin haber pegado ojo debido a la «comodidad» de los colchones de nuestra «suit grupal», tocaba volver haciendo otro trekking por los inclinados caminos, todavía húmedos debido a la lluvia de la noche anterior. Otras dos horas y media de caminata por la selva. Por suerte contábamos, siempre a la retaguardia del grupo, con una perrita del poblado que no se separó de nosotros hasta haber descendido completamente. Superó absolutamente todos los obstáculos que se presentaron, como cascadas y ríos, para llevarnos sanos y salvos.

En la selva profunda
Atravesando cascadas…
Y ríos…

Sin duda alguna la excursión no hubiera sido la misma sin la presencia de nuestro carismático guía. El tipo era una especie de «Torrente» pero en versión asiática. Se reía hasta de su sombra y si le hablabas de mujeres y «kikis» te lo habías ganado. En los trekkings siempre terminaba llegando el último (a pesar de que le presuponíamos estar en buena forma, por aquello de hacer esos recorridos varias veces cada semana). Aunque tuvimos ciertas dudas de si habría sabido como actuar en caso de grave accidente, como cocinero y carismático guía fue un espectáculo.

Tomy, o»kiki», para los amigos

La experiencia en Chiang Mai no pudo terminar de mejor forma posible que en «rafting» (descenso de río en balsa) por el río ping. Al igual que con el guía, tuvimos la grandísima suerte de que nos tocara el conductor más hábil y cachondo de todos los que se presentaron para dirigir las balsas (empezamos los últimos y acabamos los primeros, con peleas de agua y saltos de por medio). Verlo saltar de nuestra balsa a otra abalanzándose al cuello de otro conductor y lanzarlo al agua como un auténtico macaco fue un espectáculo total, no podíamos parar de reírnos.

Rafting Chiang Mai
El punto y final en Chiang Mai

Como conclusión final yo recomendaría a todos aquellos que tengan pensado visitar Chiang Mai y realizar una de estas excursiones tan típicas que no lleven nada reservado con antelación puesto que probablemente les salga bastante mas caro (hemos escuchado gente que pagaron hasta 180€ por la misma excursión que nosotros, sólo que con un día mas en la selva). En nuestra experiencia yo recomendaría buscar y comparar precios en relación de lo que tengan pensado hacer a la misma llegada en Chiang Mai, nunca antes. Pero esto como todo, es a gusto del consumidor 😉

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