Por amor se hacen maravillas

Me encontraba alojado cerca de la puerta este del Taj Mahal, a apenas quince minutos a pie. Tenía la maravilla tan relativamente cerca, que opté por dejarla para uno de mis últimos días de estancia en la ciudad, cuando ya la hubiera recorrido en profundidad. Finalmente decidí el día (27 de enero) y el momento (a primera hora de la mañana) para visitar el monumento.

Desde hace aproximadamente dos años, el gobierno indio estipuló que desde aquel momento, el tiempo de permanencia máximo en el Taj Mahal pasaría a ser de 3 horas. Con esto pretendían evitar las grandes aglomeraciones de gente en el interior del lugar, pues al parecer muchos entraban de buena mañana, y no se iban hasta bien entrada la tarde.

Fotografía antigua del Taj Mahal atestado de criaturas

De esta forma, se me presentaba la cuestión de decidir qué rango horario sería el mejor para visitar el monumento. Hablando con los trabajadores de mi hostal y algunos otros viajeros que ya lo habían visitado, llegué a la conclusión de que lo mejor sería ir a primera hora y así contemplar el amanecer, pues me recomendaron que el atardecer no merecía tanto la pena. Pues así lo hice.

Ticket Taj Mahal

A las cinco y cuarenta y cinco de la mañana sonó la alarma de mi teléfono informándome que la esperada hora había llegado. Me levanté, me di una ducha rápida con agua más fría que templada, y a las 6 y media estaba saliendo, con un plátano en la boca y una bolsa de patatas fritas que había comprado el día anterior.

Creo que fue un acierto total el acudir a primera hora de la mañana, pues tal y como me recomendaron, la cantidad de gente a aquellas horas era mucho menor que la que fue llegando progresivamente a partir de las nueve. Así que tuvimos un periodo de tiempo de dos horas en los que poder recorrer y fotografiar el monumento con cierta tranquilidad.

En los contadores no me pidieron el pasaporte ni ningún tipo de documento de identificación como rezaba en el propio ticket de entrada, y menos mal, porque no lo llevaba a mano. Si me lo llegan a pedir me hubiera tocado volver al hostal y otra vez al monumento, perdiendo así casi una hora de mi vida (¡menuda desgracia!). Pagué las 1300 rupias que me solicitaron (se supone que 1100 son por la entrada al monumento en general, y otras 200 exclusivamente para entrar al interior del mausoleo donde se encuentran las tumbas de Mumtaz Mahal y su esposo, el que ordenó la construcción del Taj Mahal, Shah Jahan.

Puerta Darwaza
La «Darwaza», puerta de entrada

Eran apenas las siete y cuarto de la mañana cuando me planté frente aquella maravilla arquitectónica dedicada al amor. El sol todavía no había dado señales de vida. Una densa niebla campaba por los alrededores como mostrando su poderío aquella mañana. La maravilla construida por amor apareció de golpe al fondo, como si estuviera flotando sobre aquella plataforma, sin nada más a sus espaldas. La imagen fue sorprendente. La visión de un lugar tan enorme, tan blanquecino, que se camuflaba entre aquella densa niebla, y se descubría ante nuestros ojos cual fantasma en una casa encantada.

Primera visión del Taj Mahal entre la niebla
A las siete y media el sol comenzó a emerger entre la niebla

Eran las siete y media de la mañana y plantado frente a aquello maravilla recordé que tenía dos horas y media para recorrer, fotografiar y disfrutar. Junto con cientos de personas, tal vez miles, a mi alrededor, me puse en marcha, mientras el sol enviaba su primeros rayos de luz.

Retratos de pareja en un monumento dedicado al amor
«Prohibido irse sin la foto»

El punto fuerte del Taj Mahal es que cuanto más te acercas, más te asombra. Con sus enormes dimensiones (60 metros de altura) y su forma totalmente simétrica, el monumento gana en las distancias cortas, y es sólo cuando te encuentras sobre su plataforma cuando eres consciente de la majestuosidad del mismo. Yo entré algo escéptico sobre la cacareada belleza del monumento y salí maravillado, nunca mejor dicho.

Taj Mahal cielo
El Taj Mahal está considerada una de las 7 maravillas del mundo desde 2007
Taj Mahal lateral
Taj Mahal naturaleza
El Taj Mahal entre la naturaleza

El sol finalmente terminó por ponerse y la niebla fue desapareciendo progresivamente. Aquel monumento, mezclando arquitecturas tan distintas como la persa, india e incluso turca, se fue aclarando como si estuviera saliendo de un grisáceo túnel, hasta que pudimos verlo con total claridad, en todo su esplendor bajo el despejado cielo azul.

Se dice que el gobierno indio cerró todas las fábricas y factorías de los alrededores debido a que el humo y la contaminación estaban amarilleando la blanca fachada del mausoleo. También está prohibida la circulación de todo tipo de embarcaciones sobre el río Yamuna, que se encuentra a las espaldas del Taj Mahal, por el mismo motivo.

Parte posterior Taj Mahal
El Taj Mahal visto desde fuera por su parte posterior, donde se puede apreciar el río Yamuna

Observando los números detalles e inscripciones que decoran el monumento, uno casi puede imaginar claramente los más de veinte mil trabajadores que acudieron desde todas partes del mundo para trabajar en semejante obra, hace casi 400 años.

Entrada mausoleo
Entrada al interior del mausoleo

Al entrar en el interior del mausoleo me encontré de frente con los dos guardias de seguridad que se suponía debían revisar nuestros tickets para cerciorarse de que habíamos pagado las 200 rupias extras para entrar allí. Ambos estaban jugando con sus móviles, así que seguimos hacia delante por la pasarela hasta llegar al habitáculo perfectamente simétrico donde descansaban las tumbas de la pareja de enamorados. Las fotos allí dentro están totalmente prohibidas, aunque a veces se podía ver algún que otro «listillo» sacando el móvil con cuidado y fotografiando aquel lugar, como si ello les supusiera el final de todos sus problemas mundanos.

Jardines Taj Mahal
Jardines rectangulares con la Darwaza al fondo, vistas desde la plataforma del mausoleo
Mezquita Taj Mahal
El «masjid», la mezquita del interior

El complejo no sólo se compone del famoso mausoleo construido con mármol blanco del Rajastán, sino que dentro de su recinto de 17 hectáreas se encuentran a ambos lados otros dos edificios conocidos como la hospedería y la mezquita, además de las zonas ajardinadas de alrededor y la «Darwaza», o puerta de entrada.

Selfie Taj Mahal
No podía faltar mi selfie

Tal y como cuenta la historia, al poco de terminar el monumento, el emperador Sha Jahan cayó enfermo y sus hijos tomaron el poder, arrestándolo de por vida en el Fuerte Rojo ante la idea de que terminara de gastar toda su fortuna en otro monumento idéntico al Taj Mahal. Pasó el resto de su vida encerrado en una torre desde donde podía contemplar la obra donde descansaba su amada, hasta que diez años más tarde murió, y uno de sus hijos lo sepultó en el mismo mausoleo donde descansaba su amada. Allí todavía hoy se pueden contemplar ambas tumbas, una al lado de la otra, muy pegadas, descansando en paz.

Una vez consumidas y exprimidas las tres horas completas contemplando aquella maravilla, salí de allí y me fui directamente a tomar un desayuno en condiciones. Cuando salí del restaurante bien desayunado y con un par de bolsas de patatas fritas en la mano para el camino, noté que alguien pegaba un fuerte tirón a una de las bolsas, hasta el punto de casi romperla y desparramar su contenido. Cuando me di la vuelta, un tanto irritado y con las palabra «what the fu…» en la boca, me encontré con que el presunto «gamberro» no era más que un enorme mono que escapaba corriendo en sentido contrario, como intentando que no le viera la cara para poderle identificar. En fin, cosas del día a día en India.

Mono cable eléctrico
Los monos son los amos de Agra, y parte de India

Como simple anécdota también comentar que de pura casualidad elegí el mismo día en el que el señor Bolsonaro (por el que siento poca simpatía política), visitó el Taj Mahal, pues se encontraba de visita oficial en el país. Por suerte para mí, el presidente de Brasil eligió la tarde como momento de la visita, así que hasta las 14:00 horas aproximadamente, el día transcurrió con total normalidad en el monumento, hasta que llegaron los señores mandatarios y clausuraron el lugar y sus alrededores para su visita exclusiva.

Bolsonaro visita India
Una visita poco deseada

Eso sí, tuve que soportar casi una hora de espera en el interior de mi transporte de Uber cuando cortaron las carreteras para que los señores gobernantes pudieran circular de forma segura, con una caravana de incontables motos y coches policiales escoltándolos. Una escena que contrastaba enormemente con el humilde y tranquilo día a día de la vida en India.

Una vez tachada de mi lista la primera de las 7 maravillas del mundo, muy satisfecho por la visita, compré un ticket de autobús que me llevaría hasta el siguiente destino en India, quizás menos imponente pero mucho más espiritual. Un lugar ancestral donde la muerte cobra se lleva todo el protagonismo, en presencia del dios máximo hindú: la «madre Ganga«. La ciudad en cuestión se llama Varanasi.

En la garita donde se recogían los tickets y esperábamos al autobus tuve la suerte de conocer otras dos grandes personas, sencillas y de buen corazón, con las que compartiría las siguientes semanas de mi viaje tanto en India como en Nepal. La joven Clara, de tan solo 21 añitos y procedencia alemana, y Joao, natural de Portugal y contando 25primaveras. Ambos pareja desde que se conocieran hace poco más de un año en Indonesia.

Blue Lassi Shop Varanasi
Con Clara y Joao en el famoso «Blue Lassi Shop» de Varanasi

En aquel encuentro sentí cómo el mundo, que consideramos tan enorme, en ocasiones puede ser un pañuelo, o simplemente cómo todos los mochileros, procedamos de donde procedamos, solemos frecuentar los mismos lugares e incluso recorridos. En la inmensidad de un país como India, donde se cruzan tantos destinos y posibilidades en el tiempo, tuve que coincidir precisamente con ellos, que en aquel momento no se imaginaban -ni tampoco yo- que tuviéramos un pequeño nexo en común. Una pequeña criaturita que todos habíamos conocido en diferentes momentos de nuestro viaje. Sobre esta curiosidad y mucho más os contaré próximamente en la próxima entrada sobre la mítica Varanasi. ¡Hasta entonces!

Bus indio
¡Nos vamos a Varanasi! Con el conductor de relevo recargando las pilas…
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