Primeras impresiones de Nepal en Katmandú

Tras las primeras 9 horas nocturnas de autobús en las que intentamos pegar algo de ojo (sin mucho éxito, como casi siempre) llegamos a la frontera con Nepal al día siguiente a primera hora de la mañana. Pasamos el control de pasaporte donde nos sellaron la salida de India y nos encaminamos hasta las «oficinas» de inmigración nepalíes. Allí rellenamos el formulario de entrada, pagamos los 50 dólares correspondientes para un periodo de un mes, entregamos una foto de carnet, y ya teníamos nuestro pasaporte sellado para entrar en el país de las montañas más altas del mundo.

Frontera Nepal
La frontera de Nepal por donde entramos

Una vez los 10 u 11 turistas que viajábamos en aquel autobús terminamos de realizar nuestros trámites de entrada (el trámite para los indios es mucho más sencillo y rápido ya que al ser países vecinos y además tener buenas relaciones permiten el libre tránsito de personas entre sus ciudadanos sin la necesidad de visado) volvimos al autobús para recorrer los poco más de 300 kilómetros que nos separaban de la capital del país, Katmandú.

La bandera de Nepal es la única en el mundo que no es cuadrangular

De pronto comenzamos una peligrosa travesía recorriendo unos altísimos puertos de montaña donde ni el estado de la carretera -mayormente de tierra y gravilla- ni la velocidad que comenzó a tomar el conductor, que no paraba de adelantar a todo lo que se le ponía por delante, nos invitaba a estar relajados. Si miraba hacia delante veía que estábamos adelantando a otro enorme autobús en plena curva o cambio de rasante sin ningún tipo de visibilidad. Si miraba por las ventanas laterales, veía el borde de la carretera peligrosamente cerca, y al otro lado un precipicio de más de mil metros de altura, donde corría un enorme río allí al fondo. No me quedaba de otra que cerrar los ojos e intentar dormir, o seguir escuchando uno de mis podcasts, pues si los abría, la idea de terminar despeñados montaña abajo en cualquier momento volvía a mi mente de inmediato.

Finalmente, tras otras ocho horas de conducción descontrolada y botando como si estuviésemos en cualquier atracción de Terra Mítica, llegábamos -¡sanos y salvos!- a la ciudad de Katmandú.

Lo primero que me llamó la atención una vez allí, en las afueras de aquella capital de dos millones y medio de habitantes, fue la pobre calidad de las carreteras y calles sin asfaltar, edificios públicos, hospitales y otras infraestructuras.

Calles sin asfaltar Katmandú
Algunas calles sin asfaltar de las afueras de Katmandú
Gasolinera Nepal
Gasolinera en Katmandú
La «oficina» de la gasolinera

Eso sí, si de algo pueden presumir los nepalíes con respecto a su vecina India es de mantener unos mínimos de limpieza en calles y lugares públicos. Aunque también es cierto que el tema de India con la basura debe de ser un caso único en el mundo.

Lo segundo que me llamó la atención fueron los curiosos rasgos de los nepalíes, una extraña mezcla entre indios y chinos que ha dado como resultado gente bastante curiosa.

Niños en fila india con el uniforme escolar
Más niños…

Con los días iría descubriendo que hay una enorme comunidad de indios viviendo y trabajando en Nepal, y viceversa. De ahí que además de los rasgos, también hayan copiado algunas otras costumbres y formas de vida de sus vecinos del sur, además de ser mayoritariamente también practicantes del hinduismo, como los indios.

Mercado Katmandú
Mujeres hindús en un mercado en Katmandú

A pesar de ser un país económicamente muy inferior a sus gigantescos vecinos (India y China), la vida en Katmandú es alegre y colorida. La pobreza es evidente en cada rincón, pero al menos los nepalíes saben sobrellevarla con una sonrisa en la cara y una sensación de normalidad que rompe todos los esquemas.

Vendedores de Lassi
¡Lassi! ¡Lassi a 80 rupias señores!
Street food Katmandú
Concurridísimo puesto de comida callejera
Mercado en el centro de la ciudad

Nepal y algunas de sus políticas con respecto a los turistas y extranjeros también tienen sus partes negativas, como no podía ser de otra manera. Para ejemplo, el caso de tener que pagar, nada más y nada menos que ¡1500 rupias! (11,45€) por pisar la PLAZA PÚBLICA de Durbar Square, en pleno centro neurálgico de Katmandú, donde a diario cruzan por allí miles de nepalíes (y otros extranjeros con cara de nepalíes) sin pagar absolutamente un duro. Ni que decir tiene que con esa cantidad de dinero (1.500 rupias nepalíes) se puede comer y cenar durante al menos dos días, o incluso tres. ¡Una barbaridad!

Cientos de personas cruzando Durbar Square
Durbar Square
La famosa Durbar Square, repleta de gente
Fiesta de colores en Durbar Square
Cámara intentado filmar una escena rodeado por la curiosa muchedumbre

A pesar de su maravillosa gente, sus coloridas calles y su deliciosa cultura, hay algo de lo que con gran pena en mi corazón no me cansaré de decir: Nepal es el país donde más acosado y atracado como turista me he sentido con grandísima diferencia, mayormente por parte del gobierno, por cierto. Como ejemplo tan sólo hay que sentarse durante unas horas en la famosa plaza de Durbar Square y ver cómo sus numerosos «guardianes» sólo se acercan a aquellos con evidentes rasgos de extranjero para solicitarles que les muestren sus tickets, y de no ser así (como nos pasó a nosotros en algunas de las muchas ocasiones en que nos colamos) expulsarlos de la PLAZA PÚBLICA inmediatamente, mientras alrededor, cientos de ¿nepalíes? cruzan de un lado a otro sin ser para nada preguntados.

Lo más gracioso es que leyendo algunos post antiguos sobre Nepal y Katmandú en otros blogs, te das cuenta cómo hace tan sólo unos 7 u 8 añitos atrás la entrada para entrar en esta plaza tan sólo costaba 300 rupias nepalíes, o séase que el precio se ha ido incrementando a un ritmo de al menos 35% por año, repito por tercera vez, por si os ha pillado despistados: PARA ENTRAR A VER UNA PLAZA PÚBLICA EN EL CENTRO DE KATMANDÚ.

Nepalíes adorando a ¿un demonio?

Cierto es que la majestuosidad y belleza de aquella plaza, que además se encuentra frente al antiguo palacio real, es inigualable. Se encuentra repleta de templos hindús y pequeños palacios, con una arquitectura y diseños envidiables.

Pequeño templo en Durbar Square

Y no es que trate ahora de retrotraerme en lo dicho anteriormente ensalzando las virtudes de Durbar, que además de ser un lugar increíble, con una arquitectura de sus edificios preciosa, posiblemente sea el lugar más interesante de Katmandú. Pero o pagamos todos, o que no pague nadie, y eso no es lo que acurre allí, donde hay un tránsito diario de gente enorme, las cuales la gran mayoría, o me atrevería incluso a decir que CASI TODAS no paga ticket, excepto posiblemente algún que otro turista despistado que sin darse cuenta de tal hecho se meta directamente en una de las garitas y compre el carísimo ticket. Los guardias, sin embargo, tan sólo se centran en aquellos con pinta de extranjero «presumiblemente» con más poder adquisitivo, y eso en mi opinión es discriminación.

Pero Nepal es un país super interesante, con una diversidad cultural y étnica envidiable, que para nada comulgan con la corrupción institucional y el abuso al turista del que son artífices normalmente el gobierno y las instituciones públicas. De todo ello hablaré en las siguientes entradas en profundidad, para que podáis conocer más de esta cultura y de algunas de las montañas más altas del mundo en el pequeño trekking que tuve la oportunidad de realizar.

Camión nepalí
Precioso camión típico nepalí
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