Trekking de 6 días por el valle de Langtang

El parque natural de Langtang es un extenso valle que alberga diferentes picos, entre ellos están el Tserko Ri (4.980m) o el Kyanjin Ri (4.774m), aunque el padre de todos ellos es sin duda alguna el Langtang lirung, con sus 7.227 metros. Este valle fue profundamente devastado tras el enorme terremoto de 8 grados que azotó el país en el año 2015. Al buscar información sobre el valle y sus diferentes rutas de trekkings, encontré una que afirmaba que parte del dinero que se pagaba por los permisos iba destinada directamente a las familias que peor lo habían pasado durante dicho desastre natural, perdiendo sus humildes casas, las pocas pertenencias que tenían, por no hablar del gran número en vidas humanas. Este fue el empujoncito que me faltaba para decidirme por este lugar, y no otro, para realizar mi primer trekking por las alturas de una gran montaña.

MIENTRAS LLEGAS A TU DESTINO, ¡»DISFRUTA» DEL CAMINO!

El viaje en autobús de 9 horas para recorrer apenas 150 kilómetros no fue mal, como yo imaginé. Fue mucho peor. Como si de un 4×4 se tratara, cruzamos carreteras empedradas, ramblas, e incluso ¡RÍOS!. En algunos tramos los botes eran tales que nuestras cabezas llegaron a tocar el techo. Todo esto en lo alto de unos peligrosos puertos de montaña donde la verdad es que a pesar de las fantásticas vistas, daba un poco de miedito fijar la vista fuera.

Durante las 9 horas de viaje, nos «deleitaron» con videoclips de música nepalí, a todo volumen, que se repetían en un bucle infinito. Llegué LITERALMENTE con dolor de cabeza a Syabrubesi, y no era por el mal de altura.

Pasamos varios controles militares que registraban nuestro acceso al valle, al tiempo que se cercioraban de que no llevábamos cosas ilegales (como DRONES). La mejor parte llegó cuando estando ya a tan sólo 20 kilómetros de Syabrubesi, en empinada cuesta, estrecha y sin asfaltar, nos encontramos un camión de 4 ejes cargado con cemento totalmente atascado en la misma. Para colmo de colmos, comenzó a llover.

Fue en aquellos momentos, mientras esperábamos cómo se solucionaba el problema, cuando intercambié unas palabras por primera vez con las dos únicas personas que no eran locales en aquel autobús (aparte de mí). Se trataba de dos jóvenes hermanas estadounidenses, de muy buen aspecto físico, que se dirigían a realizar el mismo trekking que yo.

Finalmente, a eso de las 5 de la tarde, llegamos a Syabrubesi, un pequeño pueblo donde TODO gira alrededor de los trekkings por el valle. Hoteles, Guesthouses, y tiendas de montaña es todo lo que uno puede encontrar, además de unos pocos restaurantes.

Syabrubesi
El pueblo de Syabrubesi
Pueblo Syabrubesi, Langtang
El camino principal de Syabrubesi

Como si un velado pacto hubiera sellado nuestra permanencia juntos durante esta aventura, nos fuimos a buscar una buena guesthouse en la que pasar la noche y prepararnos para el comienzo de nuestro trekking al día siguiente.

INFO ÚTIL:
– Los precios de las Guesthouses, en temporada baja al menos, suelen rondar las 800 rupias por noche.
– Si no es temporada alta y sabes negociar, la mayoría de ellos aceptarán cobrarte sólo por la comida que consumas, sin cobrarte el alojamiento.
– Los precios de la comida y el agua (sobre todo el agua), aumentarán proporcionalmente a la altitud. Cuanto más alto subas, más caro será todo.
– Es importante mantenerse bien hidratado. A partir de los 2.500 metros se recomienda beber entre 3 y 4 litros de agua diarios.
– Para evitar el mal de altura es importante dejar que el cuerpo se aclimate debidamente tomándonos un día de descanso cada 600 metros que ascendamos cuando estemos por encima de los 2.500 metros.

DÍA 1: SYABRUBESI (1.460m) – LAMA HOTEL (2.470m)

La mañana se abrió paso de forma radiante en Syabrubesi. El clima era seco y demasiado fresco, y el sol despuntaba en lo alto del cielo. Nos tomamos nuestro obligado desayuno con energía mientras repasábamos el itinerario en el mapa que traían las hermanas.

«Kenna» la líder del equipo por popularidad y experiencia, revisando hasta el último detalle
«Becca», preparando su equipo
Ready to go!

A las 9:30 de aquella mañana comenzó nuestro trekking por el valle de Langtang. Comenzamos a cruzar algunos puentes mientras poco a poco dejábamos atrás el pequeño pueblo. No hizo falta mucho tiempo para que los paisajes que aparecían frente a mí me fueran deslumbrando. El buen tiempo nos acompañaba, y a las pocas horas tuvimos que despojarnos de nuestros chaquetones, impregnados en sudor.

Trekkers Langtang
Así comenzaba nuestra aventura
Paisaje valle Langtang
Puente típico Langtang
Típicos puentes del valle

Tras 7 de horas de caminata a buen ritmo, cruzando múltiples puentes (unos en mejor estado que otros), subiendo ribazos y atravesando algunos pequeños pueblos como «Rimche», llegamos por fin, a eso de las 16:30 de la tarde, al pequeño campamento conocido como «Lama Hotel», nuestro destino en aquella primera etapa. Valga recalcar que durante el trayecto realizamos al menos unas 3 paradas de unos 20 minutos para beber agua y comer algunos dulces y chocolates (muy recomendables para recuperar energías).

Poblado Lama Hotel
¡Bienvenidos a Lama Hotel!

Durante aquella primera etapa no hubo síntomas algunos de «mal de altura» o cansancio excesivo. Tanto nuestra experta, Kenna, como los principiantes (Becca y un servidor) pasamos con nota este prime trayecto de unos 11 kilómetros entre colinas, ribazos y desniveles en la montaña.

Nos alojamos en el «Sherpa Hotel & Lodge», donde los propietarios del mismo pensaron que yo era el guía local que acompañaba a las jóvenes extranjeras (tal y como me pasara en India, ¡también en Nepal pensaban que era nepalí en algunos lugares!). En aquel lugar tan sólo nos cobraron la comida y bebida que fuéramos a consumir, así que finalmente, entre la cena y el desayuno de la mañana siguiente terminé pagando 2.020 rupias (15,38€) con el alojamiento incluido. No está mal, ¿verdad?

Spaguettis con tomate y huevo en Sherpa Hotel & Lodge
Un buen plato de spaguettis con tomate y huevo

Después de una buena cena, nos fuimos a dormir temprano para recuperar energías para el día siguiente. Yo estaba especialmente contento y satisfecho por el resultado final de aquella primera jornada, pues contando el corto y sencillo trekking que hicimos en Tailandia por la selva de Chiang Mai, este era el segundo que realizaba en toda mi vida.

DÍA 2: LAMA HOTEL (2.470m) – KYANJIN GOMPA (3.430m)

Aquella mañana nos dio los buenos días un paisaje totalmente diferente al que dejamos la noche anterior. Al parecer, había nevado un poco durante la noche, y la visión de aquel panorama tras salir de la humilde habitación no hizo más que «encumbrar» mi estado de ánimo.

Nieve en Lama Hotel
Lama hotel nevado

Con una temperatura algo más fresca que el día anterior, pero sin excusas algunas, tomamos nuestro desayuno obligado, preparamos nuestros equipos, y nos pusimos en marcha sobre las 9:30 de la mañana.

Amigos trekkers en Lama Hotel

Durante este segundo trayecto, también de unos 11 kilómetros aproximados, la flora y la fauna fueron variando. Entre los bosques de robustos y altos pinos, contemplamos los primeros «yaks» a más de 3.000 metros de altura. También contemplamos las mulas de carga que nos locales usan para transportar alimentos y bebidas por aquellos inhóspitos caminos.

Mulas de carga Langtang
Mulas de carga dándose un festín

Mientras cruzábamos por algunas pequeñas aldeas, nos dimos cuenta de que había muchísimos establecimientos y hospederías todavía cerrados. Aunque el valle del Langtang está abierto durante todo el año, se considera que los meses más propicios realizar para este trekking es entre marzo hasta mayo y desde septiembre hasta noviembre.

Hotel Panorama Langtang cerrado
Hotel Panorama todavía cerrado, como muchos otros establecimientos

Y finalmente, tras unas 7 horas y media caminando entre la nieve y la lluvia, con algunos síntomas leves de cansancio (a más altura, más falta de oxígeno en el aire) llegamos a nuestra guesthouse en el poblado de Kyanjin Gompa. Precisamente en ese momento, nada más llegar, comenzó mi lucha con el mal de altura, que no me abandonaría ya hasta prácticamente volver a descender.

Precisamente cuando mejor me veía, cuando pensaba que nada podría con mi lozano cuerpo y mi juventud (más adelante descubriría que el mal de altura se ceba más precisamente con las personas jóvenes) me embargó un afilado y punzante dolor de cabeza, acompañado de una falta de apetito, a la que más tarde se le sumaron nauseas. Bebí toda la agua que pude y me eché un rato a dormir para ver si se me pasaba.

Me levanté peor de lo que estaba. Las voces de mis compañeros en la habitación de al lado me molestaban como si me estuvieran clavando alfileres en el cerebro. Diez minutos antes de disponerme a salir de la habitación para «obligarme» a comer , a pesar de no tener nada de apetito, vomité lo poco que quedaba ya en mi estómago por digerir.

Ya había leído sobre los síntomas y consecuencias y me asusté un poco, así que le comenté a mis compañeras y al resto de personas que había allí cómo me sentía, para ver si a alguno más les pasaba lo mismo. Negativo, al parecer era el único de momento. Me obligué a comer todo lo posible, me tomé una pastilla para el dolor de cabeza y me acosté temprano. Necesité unas tres horas de dar vueltas en la cama para que el dolor de cabeza remitiera un poco y pudiera dormirme. El resto de la noche pude descansar.

DÍA 3: KYANJIN GOMPA (3.430m) – KYANGJIN KHARKA (3.870m)

Hoy por hoy, estoy completamente seguro, que cualquiera con un mínimo de experiencia y consciente de aquellos síntomas que tuve, me hubiera dicho que ÉSTE era el día apropiado y OBLIGADO para haberme quedado allí, durante al menos veinticuatro horas más, descansando y dejando que mi cuerpo se aclimatara a aquellos 3.430 metros de altitud, que no son moco de pavo para alguien inexperto y no acostumbrando a la altitud, como yo.

Pero claro, aquella mañana desperté mucho mejor, sin apenas resquicios del martilleante dolor de cabeza que me taladraba la noche anterior, y mis compañeras estaban decididas a continuar, ¿cómo iba yo a ser menos que ellas? Decidí seguir, asumiendo todas las consecuencias que eso traía, que poniéndonos muy trágicos incluyen la muerte.

Senderistas valle de Langtang
¡Seguimos la marcha!

Por suerte, el trekking del valle de Langtang, no es sólo que no sea excesivamente exigente, sino que está considerado uno de los más sencillos y moderados trekkings que se pueden hacer por estas montañas. Posiblemente gracias a eso fue que pude continuar sin graves consecuencias, pero tras una hora y media de marcha, cada paso me costaba un abismo, como si estuviera cargando 15 kilos más que mis compañeras (cuando eran ellas las que cargaban unos cuantos más que yo, en sus preparadas mochilas). Precisamente al verlas a ellas, tan frescas -aunque evidentemente también cansadas- me di cuenta que el que estaba acusando peor el mal de altura era yo.

Paisaje nevado valle de Langtang
Preciosos paisajes nevados

Fueron apenas tres horas lo que nos tomó recorrer aquellos últimos 4 kilómetros, pero os prometo que los últimos 50 pasos los di como si tuviera cemento en los pies. En ese momento sentí el enorme poder que ejercen sobre el ser humano aquellos gigantes de la naturaleza.

Y tras mucho esfuerzo, ¡llegamos a Kyangjin Kharka!

Disimulando el cansancio físico y el mal de altura
Amigos trekkers en poblado Kyangjin Kharka
¡Para Mckenna fue paseo!
Poblado Kyangjin Kharka
A pesar del esfuerzo y el mal de altura, las increíbles vistas de aquel poblado merecieron la pena

En la guesthouse que nos alojamos, una de las poquísimas que había abierta, conocimos a tres alemanes. Uno de ellos (Kevin) había llegado hasta allí con la compañía de un guía local. Los otros dos (Sara y Dui) eran una pareja de novios que subieron por su cuenta. Mientras almorzábamos, hablamos sobre los planes de aquella tarde y del día siguiente, pues desde allí, a sólo poco más de una hora y media de subida, teníamos el pico de Kyanjin Ri (4.300m), y un poco más alejado, pero también cerca, el de Tserko Ri (4.984m).

Para mi aquello era todo un desafío en aquel momento, pues el dolor de cabeza y el mal estar seguía en aumento. Al final, nos pusimos de acuerdo para pasar aquella tarde allí, charlando y paseando por los alrededores, y al día siguiente por la mañana, si todos nos encontrábamos bien, subir hasta el pico de Kyanjin Ri y ver el glacial congelado.

DÍA 4: KYANGJIN KHARKA (3.870m) – LAMA HOTEL (2.470m)

Jamás en mi vida pasé tanto frio como aquella noche. A pesar de no tener internet (el Wi-Fi tampoco funcionaba en ninguno de los poblados anteriores) creo que cada hora que pasaba la temperatura disminuía al menos 3 grados. Además del frío, el dolor de cabeza no me abandonó durante casi toda la noche, con lo que apenas pude pegar ojo.

A la mañana siguiente, mientras desayunábamos, los únicos que estábamos bajos de defensas éramos Rebecca y yo. A pesar de eso, decidió acompañar a su hermana y los demás hasta el pico, que les tomaría poco más de tres horas entre subida y bajada. Yo, que ya no aguantaba más tiempo soportando el dolor de cabeza, decidí desayunar, empacar todo mi equipo y comenzar a descender en solitario.

Me hubiera gustado muchísimo (y de hecho descendí profundamente triste por ello), haber pasado un día más allí, dejando que mi cuerpo se aclimatara, para poder subir a aquel pico (que era nuestro principal objetivo) y ver el glacial congelado -que tan sólo pude ver por fotos de mis compañeros-, pero al no haber planeado el trekking con tiempo suficiente, tenía que volver a Katmandú lo antes posible para coger el resto de cosas y salir del país, pues mi visado expiraba en pocos días.

Yak salvaje Langtang
Yak salvaje
Yak valle Langtang
Yak domado como animal de carga

Cogí el mismo camino, y tranquilamente comencé a descender en solitario. Cuanto más descendía, el mal de altura iba desapareciendo gradualmente. En unas siete horas de descenso cubrí los aproximadamente 15 kilómetros que había hasta Lama Hotel, llegando allí sobre las 6 de la tarde, un poco antes del anochecer. Mis dos compañeras llegaron una hora después, demostrando ambas su gran capacidad física.

DÍA 5: LAMA HOTEL (2.470m) – BOB MARLEY GUESTHOUSE (1.560m)

Aquella mañana nos la tomamos con calma. Teníamos apenas 5 horas hasta el pueblo de Syabrubesi, y hasta el día siguiente a primera hora de la mañana no salía nuestro bus de vuelta hacia Katmandú, así que nos levantamos un poco más tarde, desayunamos con tranquilidad, y alrededor de las 11:30 de la mañana emprendimos el descenso.

Rebecca, durante el camino de vuelta

A medio camino nos encontramos con Kevin -el alemán que conocimos en Kyangjin Kharka-, que junto con su guía local nos invitaron a quedarnos en una gesthouse llamada Bob Marley Guesthouse (no, no fumamos ningún porro) a tan sólo media hora de Syabrubesi, donde a la mañana siguiente cogeríamos el mismo autobús de vuelta a la capital.

Nos dimos una «buena ducha» a base de cubos de agua calentada en uno de los hornos y nos dispusimos a cenar, mientras entre risas y buen rollo comentábamos la pequeña aventura que juntos habíamos vivido.

DÍA 6: BOB MARLEY GUESTHOUSE (1.560m) – SYABRUBESI (1.460m)

Tuvimos que salir bien temprano por la mañana para recorrer nuestro último tramo de un kilómetro hasta el pueblo de partida (Syabrubesi). Fueron 40 minutos de marcha rápida en los que pensábamos que íbamos «muy justos de tiempo» para coger el autobús. Olvidamos que estábamos en Nepal, que es parte de Asia, donde si dejamos a un lado países como Japón o Singapur, la puntualidad no es uno de sus puntos fuertes.

¡Vamos que ya estamos ahí!

No sólo llegamos a tiempo, sino que todavía tuvimos que esperar cerca de otra hora hasta que el bus se llenara de gente, hasta sobrepasar al menos un 25% su capacidad. Una vez todos bien sujetos, tanto los que gozamos de un asiento como los que se apiñaban de pie, emprendimos la siguiente «mini-aventura» de vuelta hasta Katmandú, entre saltos, caminos empedrados, música nepalí reproducida en bucle a todo volumen y locales entrando y saliendo en cada pueblo por el que pasábamos. Por suerte en este viaje nadie traía gallinas ni pollos, ¡qué espectáculo!

¡No cabía un alfiler en el autobús!

Conclusión final: yo recomendaría el trekking por el valle de Langtang a cualquier persona poco experimentada en este tipo de aventuras o que quieran iniciarse a ellas, como fue mi caso. Además es barato, sencillo, y con gran cantidad de «poblados» a cada pocos kilómetros en los que parar a descansar o alojarse. A pesar de mi problema con el mal de altura, pienso profundamente que tomándolo con calma y dejando al cuerpo aclimatarse adecuadamente, este trekking no supondría un gran reto para la mayoría de personas.

Cogí aquel autobús en Katmandú con la idea de realizar esta actividad completamente solo. Tuve la gran suerte de conocer a Kenna y Rebecca, de las que ya no me separaría. Luego se nos unió Kevin, un chico super sano, tanto de cuerpo como de espíritu, y la pareja de Sara y Dui también estuvieron ahí. Por consiguiente, gracias a este trekking, además de disfrutar de la naturaleza en su estado más puro y salvaje, y las maravillosas vistas de las enormes montañas, pude conocer a estas magníficas personas de las que estoy feliz de tener como amigos. ¡Espero verlos lo antes posible!

El grupo al completo comiendo en una famosa pizzeria de Katmandú
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