Un recorrido turístico por la increíble Saigón

Durante el día, mientras las masajistas sexys dormían y las discotecas de «Bui Vien» apagaban sus luces y cesaban su música, aproveché para recorrer algunas calles de Ho Chi Minh y realizar algunas de las visitas turísticas de obligado cumplimiento.

La primera de ellas fue el Palacio de la Reunificación.

Palacio de la reunificación
Fachada frontal del palacio
Helicóptero en la azotea
Fachada trasera

Llamado así debido a la reunificación del país después de la cruenta guerra entre Vietnam del Sur y Vietnam del Norte. Este imponente edificio ha sido utilizado para varios fines y por diferentes naciones a lo largo de su historia (originalmente fue construido por los franceses entre 1868 y 1873). Durante la segunda guerra mundial, tras la invasión japonesa en el país vietnamita, se utilizó para albergar a funcionarios coloniales japoneses. Una vez terminada la guerra, con la derrota de Japón, volvió a parar a manos francesas que lo utilizaron como oficinas coloniales galas. Durante la «Guerra de Vietnam» se convertiría en palacio presidencial de Vietnam del Sur. Desde la derrota de Vietnam del Sur, en 1975, el edificio es utilizado como museo histórico y también como símbolo de la derrota del Norte sobre el Sur.

Tanque 843
Réplica del primero de los tanques que entró en el palacio en 1975

La entrada al palacio -con audio guía incluido- costó 160.000 dongs (6,23€). Para todos aquellos interesados en la historia reciente de este país, la considero una visita interesante, principalmente porque todo el mobiliario y la decoración se mantienen intactos desde la derrota del sur ante el norte, lo que le da un aire al edificio entero de estar inmortalizado en el tiempo.

Sala gabinete
Sala del gabinete de ministros
Despacho vicepresidente
Despacho del vicepresidente
Despacho

El edificio cuenta con 4 plantas y un sin fin de salas de reuniones, habitaciones, oficinas… además de contar con su propia cocina, y como no, garaje. Lo que más me llamó la atención fue el búnker subterráneo, el cual además de ser utilizado para resguardarse de los bombardeos, utilizaban como oficinas y despachos donde planificar estrategias militares, enviar comunicados, etc.

Uno de los muchos pasillos subterráneos
Pasillo búnker
Paredes de hormigón armado

La visita al búnker me impresionó y me gustó. Aunque me considero un gran apasionado de la historia bélica (sobre todo de la segunda guerra mundial), y había leído acerca de búnkeres y refugios, jamás había estado en uno antes. Y menos en uno como este. El saberse «atrapado» entre muros de varios metros de hormigón, rodeado de pequeños habitáculos donde se encuentran insulsas mesas con «aparatos» y archivadores de los años 70, te teletransporta irremediablemente a aquel momento histórico, lo cual es toda una experiencia.

Sala comunicaciones
Sala de comunicaciones del búnker
Sala de teletipos
Sala de teletipos
Dormitorio del presidente en el búnker

Las cocinas, por supuesto, cumplían una misión fundamental en el palacio, pues desde ahí se preparaban los menús diarios de trabajadores e invitados del palacio. Tal y como el resto de la estancia, es toda una experiencia ver aquellos fogones, hornos y extractores.

Las cocinas del palacio
Todo preparado para hacer unas «miguicas»

Y más tarde me encontré con el garaje. En él había un «Jeep» y un clásico «Mercedes» ambos con más de 40 años, en bastantes buenas condiciones.

Mercedes 200

Como dije al principio, la visita al Palacio de la Reunificación me pareció una experiencia interesante si vienes a Vietnam dispuesto a conocer parte de su historia reciente. A mi personalmente me llevó unas dos horas y media la visita a todo el complejo viendo las habitaciones y estancias con detenimiento y escuchando la historia al detalle, pero el tiempo de la visita siempre es relativo dependiendo del estilo del visitante.

EL MUSEO DE LA GUERRA

Por supuesto, si queremos seguir profundizando en la historia de este curioso país, y más en concreto en su reciente historia bélica, no podemos dejar de visitar el Museo de la Guerra de Ho Chi Minh. La entrada tan sólo cuesta 40.000 dongs (1,56€) y a mí personalmente me llevó dos horas recorriendo todo el complejo.

Niños ensimismados con morteros y antiaéreos
Tanques, helicópteros y blindados del ejército estadounidense

Se suele decir que «la historia la escriben los vencedores«, y después de visitar este museo, no puedo estar más de acuerdo con esa cita, pues este es uno de esos claros ejemplos en los que después del conflicto, los vencedores del mismo (en este caso los comunistas del Norte) se dedicaron a plasmar un único punto de vista y perjuicio del conflicto: el suyo.

Nota del autor: las imágenes que a continuación se muestran pueden ser extraordinariamente duras. Si eres una persona sensible, recomiendo saltar esta parte del post hasta el siguiente título del «Vinhomes Central Park».

En esta imagen se muestra como se lanza a una persona maniatada desde un helicóptero estadounidense
Soldado estadounidense portando el cuerpo destrozado de un soldado vietnamita
Como sucediera posteriormente en la «Guerra de Irak», un grupo de soldados estadounidenses posan sonrientes con las cabezas degolladas de ¿soldados? vietnamitas

Y ojo, que no seré yo precisamente quien justifique las salvajes e inhumanas acciones que los estadounidenses llevaron acabo en este conflicto, tanto a nivel político, poniendo en marcha campañas clandestinas de bombardeos masivos (incluso usando las indecentes e inhumanas armas químicas), como a nivel individual, donde algunos de los sujetos norteamericanos que participaron en esta guerra se dedicaron a masacrar y asesinar todo ser viviente que encontraron. PERO mucho me temo que no fueron sólo los norteamericanos los que cometieron actos de dudosa moral o legalidad, pero no las veremos en este museo.

En una guerra no hay vencedores ni vencidos, sólo víctimas. En esta, especialmente cruenta, perdieron la vida aproximadamente 4 millones de vietnamitas, entre civiles y militares. Unos 58.000 estadounidenses fallecieron y otro millón más de diferentes nacionalidades como Camboya, Laos, Corea del Sur, China etc. Todos ellos merecen homenaje y respeto. Todos fueron víctimas.

Recortes de periódico sobre la guerra

Aún así, los recortes con los testimonios de reporteros, e incluso de algunos soldados estadounidenses, que incapaces de vivir con semejante cargo de conciencia, se dedicaron a relatar lo que allí había sucedido, ponen los pelos de punta. Leer aquellos relatos fue como una patada en el estómago. En ellos se cuenta cómo ciertos militares se dedicaron a disparar sin cortapisa a todo lo que estuviera vivo y no portara bandera estadounidense. Hablamos de niños y niñas de todas las edades, mujeres y hombres inocentes, y hasta animales. Pueblos enteros, con sus habitantes dentro, fueron quemados. Familias enteras asesinadas sin piedad. Algunas de las imágenes que allí se encuentran, y otras que tengo en mi haber, es mejor ni publicarlas.

Testimonio de Ronald Haeberle sobre «la matanza de My La»

Pero si hay algo que todavía hoy perdura y es visible de aquella devastadora guerra, son los efectos de los agentes químicos allí utilizados. Más en concreto los devastadores efectos del «Agente Naranja«. Además de arrebatar la vida de decenas de miles de personas de forma directa, este químico causó deformidades y malformaciones terroríficas en miles de niños de la siguiente generación. Las imágenes que a continuación muestro, aunque pueden ser fuertes, son sólo una pequeña parte de los terribles efectos de dichas armas.

Víctimas directas e indirectas del «Agente Naranja»
Malformaciones de extremidades e incluso cuerpo entero

Si a duras penas conseguí reprimir las lágrimas paseando por el interior del cuarto donde contemplaba dichas imágenes, la cosa ya se puso imposible cuando salí de la estancia y me encuentré de cara con un pequeño grupo de cuatro personas afectadas por este químico. Las lágrimas se me saltaron al verlos, venía ya tocado y no lo pude evitar. Estaban allí, en un cuarto grande antes de la salida, haciendo pulseras, llaveros, muñeco, y otros utensilios que se vendían allí mismo, en aquel mismo cuarto.

El chico del fondo, completamente ciego, tocaba el piano de manera magistral

Por supuesto, no me quedó otra que romper mi regla de «no comprar suvenires» (más que nada porque el espacio de la mochila es muy limitado, y ya está casi al completo) y compré dos preciosas pulseras al precio de 0,80 céntimos entre las dos. Una pequeñísima aportación a la esperanza y a la vida digna de los afectados por el «Agente Naranja».

Un regalo para Sandra: preciosa pulsera multicolor.
VINHOMES CENTRAL PARK

Y como dicen: «después de la tempestad siempre llega la calma«, así que al día siguiente decidí moverme a un lugar que fuera tranquilo, lejos de la polución y el ruido, y bonito, donde pudiera cambiar historias de guerra y muerte por unas magníficas vistas y un rato agradable, y, si era posible, una buena puesta de sol. Lo segundo lo conseguí a medias. ¿Lo primero?, juzgad vosotros mismos.

El gigantesco parque, bastante concurrido
Vinhomes Central Park
El parque para los niños, «medio vacío»

El Vinhomes Central Park, llamado así en honor al archiconocido Central Park de Manhattan, se encuentra cerca de una zona residencial de enormes edificios llamada «Vinhomes», diseñada y construida para ricos podridos familias pudientes, digámoslo así. El parque está enclavado a orillas del enorme río «Saigon», lo que hace que pasear por allí, al aire fresco y vistas al río, sea una experiencia de lo más agradable.

Río Saigón
Vistas del río Saigón

Entre todos aquellos edificios altos del Vinhomes, muy parecidos entre sí, y ubicados a simple vista «sin orden ni concierto», se encuentra especialmente uno que destaca entre todos los demás, y que fue el que me motivo ha acercarme hasta aquella zona para contemplarlo de cerca; el Landmark 81.

Conjunto de edificios «Vinhomes»

El Landmark 81, desde su inauguración en 2018, se convirtió en el edificio más alto de Vietnam con sus 461 metros. Es también uno de los más altos del sudeste asiático. Además de su imponente altura, yo destacaría su moderno diseño, en forma de rectangulares tubos entrecortados, que es una auténtica maravilla.

Landmark 81 pie de calle
Vista del Landmark 81 a pie de calle
Landmark 81 desde el parque

En el parque hay unos pequeños miradores de unos 10 metros de altura que ofrecen una vista a 360 grados impresionante. El enorme descampado del parque, con el complejo «Vinhomes» y el imponente Landmark 81 de fondo a un lado, y el caudaloso río Saigón al otro. Unas vistas de lujo mirara donde mirara.

Landmark 81 a las 18:00h
Landmark 81 a las 18:20h. Las luces comienzan a encenderse

Conforme iban pasando las horas y la tarde iba cayendo, las vistas mejoraban. El tiempo era excepcional (unos 20 grados centígrados) así que la gente, lejos de irse, permanecían en el parque, mientras más y más gente llegaba para contemplar el espectáculo, pasear con los niños, hacerse fotos con el paisaje de fondo, tirarse en el césped mientras comían algo y charlaban, etc.

Landmark 81 a las 19:00h
Landmark 81 a las 19:30h. El precioso punto y final de aquella tarde

Fueron unos días muy bien aprovechados y disfrutados en Saigón, donde como dije en la entrada anterior, si dejamos a un lado la contaminación, el ruido y el caos del tráfico, y a pesar de ser enorme y en algunos momentos «peligrosa» (en la siguiente entrada contaré cómo le robaron el móvil a mi colega Julienz), me acabó convenciendo y hasta gustando, cosa que no me suele suceder a menudo en ciudades tan enormes, donde más de 10 millones de personas se juntan tratando de encontrar un futuro y una calidad para sus vidas.

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