Una mala experiencia con los monos en Monkey Beach

La primera visita de nuestro «tour» en barca a motor, alrededor de las islas Phi Phi, era «Monkey Beach». Estábamos emocionados y encantados. Una playa repleta de monos, que campan a sus anchas jugando y recibiendo comida de los turistas que la visitan. A todo el mundo le parecería un destino perfecto, ¿verdad? Bueno, pues si hoy le preguntáramos a Raquel, la respuesta posiblemente sería: NO.

¡Más comida y menos fotos, humano!

Nos bajamos de la barca y nos encontramos en una playa de arena blanca entre unas aguas azul turquesa, y la verde e inhabitada selva de Phi Phi en el otro. El número de turistas superaba al de los pobladores de aquellas tierras (los monos) por decenas. La playa estaba abarrotada de gente y todos parecían reír y disfrutar tirando comida al agua para ver a los monos saltar y nadar hasta su objetivo (lo cual para mí fue un espectáculo nunca antes visto), echarse fotos con ellos, observar su comportamiento con las personas…

Mono nadando
¿Miedo al agua? JÁ!

En ese instante, a los quince minutos escasos de poner pies en aquella isla, es cuando Raquel se sienta junto a un monito de mediana edad. Demasiado cerca para mi gusto. David y yo preparábamos los móviles para capturar el momento.

¡Hola lindo monito!

El «macaco» se encontraba en ese momento mirando para el lado opuesto, casi sin percatarse de la presencia de Raquel, que se encontraba a escasos 60 centímetros de él. Por alguna razón que ni ella misma se explicaba días después, a nuestra querida Raquel se le ocurre la brillante idea de acercarse un poco más al mono y tocarle la orejita, seguramente con el objeto de llamar su atención, pues el mono parecía seguir sin percatarse de que detrás tenía a un «humano de esos que viene a tirarnos plátanos y echarnos fotos con sus móviles de última generación«.

Pues nada, con una sonrisa de oreja a oreja (y este dato es importante, pues pudo ser el detonante de la reacción del mono) y mirándolo con una dulzura como si de un bebé de 6 meses se tratara, nuestra amiga coge y acaricia apenas la oreja del animal que seguía en pleno estado de distracción. La siguiente imagen describe mucho mejor que las palabras lo que sucedió después:

Mono atacando

El mono, al darse la vuelta y ver a Raquel mostrándole los dientes, en vez de percibir ese «cariño» que ella quería trasmitir, lo que percibió fue todo lo contrario, amenaza e intimidación (enseñar los dientes es uno de los actos de intimidación más común entre los animales, sólo hay que fijarse en los perros, por ejemplo) y su reacción evidentemente fue la de defenderse de esa amenaza a toda costa.

Mordisco de mono
Las consecuencias de la batalla…

Lo peor no fue el mordisco en sí, que como se puede apreciar en la imagen no fue nada realmente grave. Resulta que Raquel no estaba vacunada contra «la rabia», y estos animales tienen un porcentaje muy alto de transmitirla a través de arañazos y mordiscos (alrededor de un 50%, según el doctor del centro médico que nos atendió). Y la rabia, si no se trata, puede ser una enfermedad mortal para los humanos. Estábamos preocupados, con lo que nada más terminar el tour, nos dirigimos al primer centro médico que encontramos y explicamos allí toda la situación.

Clínica médica islas Phi Phi

Según el doctor que nos atendió y otros trabajadores del centro, las mordeduras de monos a turistas en Phi Phi son bastante comunes. Tan comunes, que cada día tienen al menos dos o tres casos. Me pareció increíble este dato, sobre todo teniendo en cuenta que en ningún momento nos encontramos ninguna señal o cartel de peligro y/o precaución ante este EVIDENTE problema. Probablemente porque como nos daríamos cuenta un poco más tarde, es un negocio rentabilísimo.

El » aparatoso y llamativo» cartel de aviso que nos encontramos, 2 días después del incidente, en el «View Point 2»

La verdadera suerte que tuvimos en este caso, fue que al comprar el billete de avión, allá por el mes de agosto, contrataran la opción de «seguro de viaje» por sólo 20€ más. Yo ya escribí una entrada acerca de la importancia de viajar SIEMPRE con un buen seguro de viaje, y ahora, con esta experiencia como ejemplo, me reafirmo en todo lo dicho aquella vez. Pues de las desgracias y accidentes, nadie estamos salvados.

El caso es que una vez hablado con el doctor, aclarado el tratamiento a seguir, las vacunas, las cientos de pastillas que le tocaría tomarse a Raquel durante dos semanas enteras, y los demás pormenores, llegó el momento de la factura: 657€ en total.

El seguro de viaje había mandado una garantía de pago de hasta 300€ después de haberles comentado la situación y facilitado los datos pertinentes, así que le pidieron el pasaporte a Raquel (cosa que no me gustó en absoluto) como garantía de no entiendo qué (pues todavía no habíamos recibido más que la visita con el doctor, que costaba algo así como 25€), y nos dijeron que esperáramos mientras volvían a mandar la solicitud al seguro con el importe total.

Después de unos 30 minutos de espera, sin que nadie nos dijera absolutamente nada y con nuestros nervios ya un poco tocados, discutiendo si pedir el pasaporte e irnos a probar suerte en un hospital público y pidiendo ayuda y consejos a diferentes personas del entorno médico en España, el seguro aceptó el pago y nos llevaron a la sala donde Raquel recibiría su tratamiento «anti-rábica» (una primera vacuna, más otras 4 inyecciones previas).

Hay doctor, qué malica estoy y qué poco me quejo

Al final, tras unas 4 horas entre consulta, esperas y tratamientos, todo se solucionó sin más consecuencias que el evidente susto de Raquel y de todos nosotros, el tratamiento posterior (sin beber una gota de alcohol incluido, oohhh) que le tocaría seguir durante dos semanas, y la incertidumbre de no saber si el seguro pagaría la desorbitada cantidad de dinero o le tocaría pagarlo a ella de su bolsillo. Y como dicen, «se aprende más de las malas experiencias que de las buenas» y nosotros algo aprendimos de esta, al menos yo, como recomendación y consejo a navegantes, subrayaría lo siguiente:

  • Viajar siempre, y repito, SIEMPRE, con un buen seguro de viaje. Pues por el más absurdo accidente, al final, justificadas o no, te pueden llegar a exigir cantidades astronómicas por la solución. No pagues al final 15 veces más por ahorrarte unos cientos de euros al comienzo de tu viaje. Yo personalmente, tanto para viajes cortos como largos, recomiendo IATI Seguros.
  • Los monos, aunque graciosos y simpáticos por lo general, son animales salvajes, con todo lo que ello conlleva. Además normalmente somos nosotros los que estamos invadiendo sus espacios y territorios, con lo que hay que ser siempre cuidadosos y respetuosos a la hora de interactuar con ellos. Yo recomendaría: no acercarse demasiado a ellos. NO TOCARLOS bajo ninguna circunstancia. Si ellos se acercan a ti o se te suben encima, no entrar en pánico y simplemente esperar que se aburran y decidan irse. No dejar pertenencias de valor al alcance de los monos, pues pueden «tomarlas prestadas» y no las volverás a ver.
– «Pues tampoco fue para tanto ¿no?» – «Bah, exagerados…»
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