Varanasi, una ciudad detenida en el tiempo

En la entrada anterior os comentaba que en la garita donde esperaba el bus para ir hasta Varanasi tuve la suerte de conocer a Clara y Joao, la pareja germano-portuguesa con la que tenía algo en común, pero que en aquel momento desconocíamos.

Pues bien, resulta que después de casi una hora intercambiado relatos y experiencias sobre nuestro viaje, me comentaron que ellos también habían pasado por Jaisalmer y el desierto del Thar, al parecer tan sólo unos pocos días después de pasar yo por allí. Para rizar más el rizo, descubrimos que también habíamos estado alojados en el mismo hostal, coincidiendo en las poco éticas tácticas de negociación respecto al negocio del tour por el desierto que allí hay montado. Pero lo que me produjo verdadera alegría y emoción fue enterarme de que habían conocido al pequeño Rocky, aquel perrito que rescatamos nosotros de aquel frío desierto.

¿Os acordáis del pequeño Rocky?

Se quedaron impresionados y emocionados de saber que había sido precisamente yo quien había llevado aquel lindo cachorro hasta aquel hostal donde ellos se alojaron y estuvieron jugando con él. Para mí fue una alegría inmensa el enterarme de primera mano que Rocky se encontraba perfectamente, incluso algo más gordito, en su nuevo hogar.

Varanasi
¡Bienvenidos a nuestro barrio en Varanasi!
Entre templos, viviendas, hoteles y crematorios

Pasados ya casi dos meses desde que visitáramos la ciudad de Varanasi, aún hoy me cuesta asimilar lo que allí sentí. No he tenido tiempo de poner en orden mis pensamientos sobre aquel lugar. Cuando recuerdo sus estrechas calles, sus innumerables ghats, el olor de los crematorios, las caras de los que allí esperan la muerte, sentados en cualquier esquina, con sus delgados y desgastados cuerpos, me embarga un sentimiento entremezclado entre la nostalgia y el misticismo de un lugar único.

Un templo se monta en cualquier parte en India…
Una peluquería, también

Varanasi ha sido inspiración de innumerables textos. Se cuenta que es la ciudad habitada más antigua del mundo. No podemos estar seguros del todo, pero de lo que sí tenemos total certeza es de que ésta es la ciudad más sagrada por la religión hindú.

De profesión, «rapador»
Mujeres hindús rapándose
Mujeres hindús rapándose en señal de purificación

Según los hindús, toda alma que muere en Varanasi, o en un radio de unos kilómetros alrededor de la misma, queda totalmente liberada de su ciclo de reencarnaciones humanas. Los cuerpos han de ser incinerados en «los fuegos que nunca se apagan» y las cenizas lanzadas al río. Esto la convierte en un lugar de peregrinación masivo por los seguidores de dicha religión, que cuenta con más de 1.100 millones de fieles. Al menos una vez en la vida, todo hindú debe de visitar Varanasi y bañarse en las sagradas aguas de la «madre Ganga».

La ciudad se encuentra partida por el río Ganges, del cual no revelo ningún secreto si digo que es uno de los más contaminados del mundo (muy posiblemente el que más). En aquellas aguas lo mismo te encuentras una sortija de oro que el cadáver flotante de una vaca todavía en descomposición. Y es curioso porque al tiempo de gozar de la mala reputación de ser el río más contaminado del mundo, también son las aguas más sagradas del mundo. Para los hindús no es sólo un río más, es una diosa: Ganga, aquella que cayó de los brazos del mismo Brahma, creador del universo, y pasó entre los cabellos del dios Shiva, para terminar cayendo en la Tierra sin causar ningún desastre natural.

«Tus pecados quedan perdonados»

Para un occidental como yo algo algunas escenas eran difíciles de contemplar, pero en las aguas de aquel río tan contaminado se puede ver a los indios bañándose con total tranquilidad, lavando la ropa, fregando utensilios de cocina y hasta lavándose los dientes.

Enjabonándose bien en el Ganges
Una duchita en el Ganges y como nuevos
Orilla río Ganga
Sartenes y ollas bendecidas…

Todos los días sin excepción se celebra en los ghats de Varanasi el «Ganga Aarti«, una ceremonia dedicada a la diosa Ganga. Cientos de personas se concentran en los ghats y en los alrededores (barcas y barcos incluidos) para contemplar aquella ceremonia diaria.

Ceremonia Ganga Aarti
Ceremonia Ganga Aarti
Entre la multitud india también se pueden encontrar algunos turistas, como la amiga Clara 🙂
Aarti

La ceremonia se realiza en diferentes ghats a lo largo de toda la orilla del río. Dura aproximadamente una hora y media y se abre con un saludo inicial, a lo que les sigue una sucesión de cánticos y mantras que bañan el ambiente. Sobre unas pequeñas plataformas, un grupo de hombres realiza un baile-ritual con candelabros encendidos. La multitud aplaude y canta al unísono mientras algunos esparcen incienso y otros se acercan intentando pintarte el «bindi» (el conocido tercer ojo) en la frente cada dos por tres, a cambio de una generosa «donación», claro.

El centro de Varanasi, como cualquier otra ciudad india, es ruidoso, sucio y tremendamente concurrido. Durante el día cientos y miles de coches, motos y tuk-tuks se amontonan y entrecruzan, todos tocando su claxon descontroladamente. Calles repletas de tiendas de telas, ropas, perfumes y baratijas se suceden unas tras otras sin un fin aparente.

Antiguo edificio lleno de tiendas y comercios
Centro de Varanasi durante la noche

Pero la parte más especial de la vida en Varanasi, la más mística, se desarrolla mayormente a lo largo de los más de 100 ghats que se forman en la orilla este del río Ganges.

Narad ghat
Un ghat cualquiera de Varanasi
Construcción y reparación de barcas en los ghats
Comercio ghats Varanasi
Comerciantes, masajistas y barqueros en los ghats
Constructor de barcas Varanasi
Constructor de barcas en plena faena
Torneos de badminton en los ghats

Allí la gente va a rezar, a practicar yoga o meditación, a intentar estafar a turistas, a trabajar, a volar cometas, a jugar al badminton, a ver las cremaciones, o simplemente a sentarse y reflexionar, mientras eres consciente de cada segundo que se marcha, como si fueran las líneas discontinuas en una larga carretera, donde en el horizonte, aunque aún no se vislumbre aún, sabemos que la carretera se corta en un enorme abismo. ¿Y dónde lleva ese abismo? ¿Qué hay allí abajo, en el fondo? El comienzo del mismo es oscuridad, pero intuimos que en el fondo debe de haber algo, sea áspero o suave, rocoso o arenoso. Han pasado sólo unos pocos minutos, me encuentro en Varanasi, el abismo está más cerca, pero la carretera es buena hoy, y no sabemos qué tal será mañana, disfrutemos de nuestro penúltimo viaje y hagamos disfrutar a los demás.

Barquero Varanasi
Nuestro barquero por el Ganges
¡Comparte si te ha gustado!

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies