La vida y la muerte se dan la mano en Varanasi

Como comenté por encima en la anterior entrada, a Varanasi llega gente desde prácticamente todas las partes de India para pasar sus últimos momentos de vida y esperar allí la muerte. Una vez fallecen allí, se les incinera y se lanzan sus cenizas al río, de esta manera se considera que se han unido con el «TODO» y por ende, su ciclo de reencarnaciones se ha cortado satisfactoriamente. Debido a esto, existen unas pilas de fuegos los cuales nunca se apagan, se mantienen permanentemente activos, desde tiempos inmemorables.

Manikarnika Ghat Varanasi
Manikarnika, el crematorio principal de Varanasi
Cremación Manikarnika
En plena cremación

Nos encontrábamos alojados frente al Manikarnika Ghat, donde se encuentra el crematorio principal y más grande. Sentados allí un día cualquiera podíamos observar cada media hora aproximadamente cómo un séquito de personas llegaba -a veces cantando y otras veces en completo silencio- portando entre varias personas una camilla hecha de bambú sobre la cual reposaba el cadáver de alguien MUY recientemente fallecido, a juzgar por el color y el estado de alguno de los cadáveres. El cuerpo suele estar envuelto en una tela o sudario blanco, adornado de flores y otros elementos típicos.

Tras llegar al crematorio, los familiares y amigos se agrupan mientras uno de ellos (normalmente suele ser el hermano mayor del fallecido) comienza la ceremonia de cremación, la cual consiste en sumergir el cuerpo del fallecido en el Ganges durante unos segundos y prepararlo para la cremación realizando también un pequeño ritual. Una vez terminado dicho ritual, se coloca el cuerpo sobre una de las pilas de fuego y troncos y se le deja allí arder, hasta el punto de que en ocasiones se puede contemplar alguna extremidad caer al suelo, donde decenas de perros acechan a la espera de conseguir algo de carne fresca. A las mujeres no se les permite asistir a las cremaciones, por ser propensas a llorar, lo cual está prohibido en el funeral.

El lugar está completamente rodeado por pilas y pilas de troncos de madera, de diferentes tipos y características. Según nos contaron los locales, dependiendo del poder adquisitivo de la familia del fallecido, deciden comprar madera de mayor o menor calidad, para así asegurarse de que el cuerpo arda por completo. Algunas familias opulentas gastan verdaderas fortunas en la compra de madera para la cremación de sus seres queridos.

Las mismas aguas donde se lanzan las cenizas y los cadáveres

Las fotos de las cremaciones están estrictamente prohibidas si te encuentras en tierra cerca de la cremación. Eso sí, si te encuentras en ese mismo momento sobre el río Ganges, dando un tranquilo paseo en barca y a una distancia prudencial, nadie te prohibirá tomar tantas fotos como desees. Reglas extrañas de la India.

En uno de aquellos días contemplamos profundamente conmocionados cómo traían el cuerpo sin vida de un joven de no más de 10 años. Nos quedamos petrificados observando fijamente qué harían con aquel infante. Amarraron el cuerpo envuelto en la sábana blanca en una barca y se adentraron al centro del Ganges. Una vez allí, desamarraron el cuerpo y lo lanzaron al río junto con una gran piedra. El cuerpo de aquel chaval se hundió en pocos segundos y no lo volvimos a ver más. La familia contemplaba el acto en completo silencio, tan sólo intercambiando algunas frases sueltas entre ellos. En ese instante fui mucho más consciente aún si cabe, de la enorme diferencia que existe entre nuestra cultura occidental y la suya, con respecto a la interpretación de la muerte.

Porque hay otra norma esencial en esto de las cremaciones en Varanasi. No se pueden cremar los cuerpos de los niños, las mujeres embarazadas ni de aquellos que hayan muerto por la picadura de una serpiente.

Para uno de aquellos días programamos una de las actividades que yo más recomendaría una vez estás en Varanasi: ver el amanecer dando un paseo en barca por el Ganges. Cogimos a uno de los cientos de barqueros que se dedican a este menester en cualquiera de los más de 100 gaths existentes en Varanasi y apalabramos un precio justo de 100 rupias (1,20€) por persona, por un paseo de una hora que al final se extendió por 15 minutos más. A la mañana siguiente, junto a un pequeño grupo de tres italianas que conocimos el día anterior, Joao, Clara, las amigas italianas y yo esperábamos a nuestro «joven barquero» para «navegar el Ganges».

Barquero río Ganges
El joven barquero al amanecer
Vendedores ambulantes en barca

El amanecer que allí se formó fue sencillamente espectacular. Pero recorrer aquellas sagradas y curiosas aguas fue algo más que especial, fue casi mágico. El Ganges en sí es un misterio y está lleno de contradicciones, como la misma India. Unas aguas en las que cualquier occidental no se atrevería ni a meter el dedo pequeño del pie, pero en las que cualquier hindú del mundo MORIRÍA por bañarse allí, para «limpiar» y purificar su cuerpo y su alma. Y como ya he dicho tantas veces, India es así, una contradicción total y constante en sí misma, algo que cualquier occidental como yo, necesitaría casi una vida entera para comprender. Yo por mi parte, seguiré aprendiendo.

Señal tercer ojo
El bautismo de fuego
Bautismo realizado
Comienzan a concurrirse las aguas del Ganges
Amanecer río Ganges
Precioso amanecer en el Ganges

Y para terminar esta entrada, y la crónica general de mi paso por la India, comentar también que nos dejamos caer por un lugar muy conocido y concurrido por todo aquel extranjero que se aventura en Varanasi. El sitio en cuestión es conocido como «Blue Lassi», una especie de «cafetería» donde puedes tomarte uno de los magníficos «Lassis» que allí sirven al tiempo que te entretienes contemplando las miles de caras que te observan desde todas partes. Dichas caras pertenecen a personas que dejan allí su fotografía como recuerdo de su paso por el lugar. Como tenía alguna de sobra, no perdí tampoco la oportunidad de pegar la mía, a ver si sois capaces de «encontrarme» en la fotografía de abajo. ¡Suerte!

Amigos en Blue Lassi
Un español, una alemana y un portugués en el Blue Lassi
Encuentra mi careto

Y llegó el momento de la CONTRADICION FINAL. Nos marchábamos hacia Nepal en un larguísimo autobús de casi 18 horas que nos llevaría desde Varanasi hasta Katmandú (capital de Nepal). Los tres estábamos un poco sobrepasados con India y queríamos abandonarla de una vez, pero al mismo tiempo, los tres sabíamos, PRESENTÍAMOS, que tras unos cuantos meses fuera de ella, terminaríamos por echarla de menos. Y así sucedió. Yo tuve la ¿suerte? de volver unos pocos días más tras mi paso por la tierra de los «ochomiles» (Nepal), pero fue tan sólo de tránsito y poco tiempo tuve de hacer turismo, aún así, sucedieron anécdotas interesantes que me permitieron despedirme de la India como se merecía.

Ahora sí que sí, me encuentro en plena cuarentena desde hace más de dos semanas en Kuala Lumpur, la capital de Malasia, y la despedida de India se vislumbra definitiva, pero me gustaría volver, sobre todo para recorrer el sur del país, que según me comentaban todos los indios, es como un país completamente diferente al norte, con su cultura y sus tradiciones. Veremos lo que nos depara el futuro y qué rumbo tomamos como sociedad tras la pandemia del Coronavirus.

Hasta pronto.
¡Comparte si te ha gustado!

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies